Había intentado escribir durante toda la noche, pero ninguna frase tenía sentido. No podía estar escribiendo sobre su despedida, ella apenas tenía 23 años. Mi papá estaba en la sala continua con las manos entrelazadas. Estuvo sentado llorando todo el día. Era la primera vez, que lo veíamos llorar tan desconsoladamente. Sin embargo, me parecía que su postura corporal estaba aguantando la realidad, podía sentir parte de su corazón muriendo. Cinthia, o la Toti como papá la llamaba, se llevó un trozo de cada uno de nosotros ese terrible domingo.
El mundo que hasta entonces conocíamos empezó a derrumbarse lenta y silenciosamente. Mis hermanos, Daniel, Sebastián, David; y yo, pasamos la noche llorando en la sala del velatorio. Por momentos, hablábamos, otros solo nos sentábamos al lado del cuerpo inerte de Cinthia. Nos cuestionábamos ¿por qué perdió su magia? ¿quiénes le robaron su alegría? ¿Por qué no la llevamos al Hospital el viernes en la tarde o en la noche?
Viernes 4 de abril de 2014
El viernes en la noche nos habíamos juntado a comer pizzas. Invitamos a una de sus amigas porque sabíamos que estaba triste. Llevaba un mes de alta médica y sin tomar la medicación. La Dr. Kotlik, su psiquiatra le había dado el alta. Pues no coincidía con el psiquiatra que la había atendido en la admisión (6 años atrás) y había llevado su tratamiento años anteriores. Cuando recibimos la noticia del alta nos preocupamos y decidimos acercarnos personalmente con mamá para hablar con la doctora. Le intentamos explicar cómo veíamos y cómo se comportaba, pero nos aseguró que Cinthia había sanado.
Un mes después volvimos a darle la noticia de su suicidio. Solo nos pidió disculpas. Unos meses después redacté una carta que firmó toda mi familia, dirigida al director del Hospital Carlos Pereyra. El director Juan Vilapriño nos convocó a una reunión y nos aseguró que tratarían el caso de Cinthia en un ateneo y la doctora sería observada. Tal vez solo intentó tranquilizarnos esperamos que haya cumplido su promesa.
Regresando al viernes en la noche. Cinthia casi no habló. Solo quería permanecer a nuestro lado. Salimos a caminar por la ciclovía como de costumbre. Si hubiera sabido que esa era nuestra última charla le hubiera dicho algo más significativo. Antes de salir a caminar, ella me tomó una foto cargando a Franco junto a un cuadro que Daniel había traído de Haití a mis padres. Le dije que quería sacarle otra a ella con Franco, pero no quiso.
El domingo 6 de abril de 2014
10 días antes del cumpleaños de mi mamá, Cinthia se quitó la vida en algún momento de la madrugada. Mamá despertó y vio que Guada estaba sola en la cama. Pensó que Cinthia se había ido a trabajar al negocio de mi tía. Era temprano como las 9 horas o quizás antes. Cuando estaba camino a buscar la ropa tendida en el patio, vio a Cinthia inconsciente por la ventana. Corrió desesperada a despertar a Sebastián. Seba trató de reanimarla hasta que llegó la ambulancia.
En el departamento, sonó el teléfono y se cortó. Yo casi no había podido dormir con Franco, pero sentí que esa llamada era importante. Después de un momento, el teléfono volvió a sonar. Salté de la cama y cuando atendí, del otro lado David balbuceo entre llantos que fuera a casa, que había pasado algo con Cinthia. Entonces le dije que no entendía -¿Cómo está Cinthia? ¿se lastimó? y me dijo: - "No Vane, se murió. Vení por favor." Yo estaba acostumbrada a salir rápidamente a socorrerla, pero no a tener la certeza que llegaría y no podría hacer nada. Colgué y empecé a gritar y llorar. Sólo sé que en unos minutos ya estaba vestida y camino a casa de mamá. Cuando llegamos, la ambulancia estaba en la puerta y Seba junto a Cinthia. Un poco después llegó Daniel y Melisa.
Lunes 7 de abril de 2014
Junto a su sepultura nos despedimos así:
¿Cómo recordaremos a Cinthia?
Siento que quienes conocíamos a Cinthia,
nunca encontraremos a alguien que ocupe su lugar en nuestras vidas.
Nosotros, su familia y amigos, la recordaremos
como la ingeniosa e increíble persona que era:
la de corazón bondadoso,
la que no se mordía la lengua,
y sin ningún tapujo te daba una cachetada de sinceridad.
La recordaremos:
bella y amable,
creativa y provocadora,
sensible y divertida.
La recordarán mamá y papá,
Liliana Rodriguez y Daniel Herrera como su hija menor,
hermana de Daniel, Sebastián, David, Carina y mía;
la madre de Guadalupe;
la sobrina, la tía, la prima y la amiga de muchas personas
que hoy nos hemos reunido aquí para despedir su cuerpo
y pedir a Dios por el cuidado de su alma.
Les pido a los aquí presentes que atesoremos los mejores recuerdos,
aquellos donde la veíamos llena de vida y amor.
¡Qué Dios la bendiga en Gloria
Y la transforme en un ángel para Guada!






