domingo, 3 de agosto de 2014

Trascender

Los hijos del ayer, es una película que se encuentra disponible en Youtube. Está inspirada en hechos reales en la vida de Jenny Cockell y su familia, esposo e hijo. El relato describe como Jenny tiene desde la infancia sueños recurrentes con otra mujer irlandesa llamada Mary Sutton, una madre de cuatro niños, que sufrió violencia intrafamiliar. Entre sueños, investigaciones, recuerdos e hipnosis regresiva, Jenny resuelve una parte de lo que cree su pasado.

Se trata de una película espiritual que indaga sobre las motivaciones subconscientes desencadenan en la búsqueda concreta con el pasado, lo cual conlleva a demostrar el valor potencial de las promesas familiares. 

¿Y cómo llegué a esta película?

Meses después de la muerte de Cinthia, me obsesioné viendo fotos de ella antes de dormir. Estaba atrapada en un bucle. No quería olvidarla. Cuando éramos adolescentes, ella me enseñó una técnica para olvidar los recuerdos tristes y dolorosos; y otra, para soñar con lo que queríamos. Por eso, observaba sus fotos antes de dormir. Así aumentaba las posibilidades de soñarla.

Una madrugada, Leonardo llegaba del trabajo. La compu estaba prendida y se reproducía un video a todo volumen. Él me fue a despertar creyendo que yo lo veía. Al final, se ocupó de apagar la computadora. 

Unos días después, busqué en el historial y ahí estaba decenas de veces la misma película "Los hijos del ayer". Tal como el bucle, en el que observaba las imágenes de Cinthia o el bucle en el que la veía perdiendo la vida. Sentí algo de miedo y apagué la compu.

Una tarde volví a recordar el asunto y volví a revisar el historial. Ahí estaba, ahora cientos de veces más ¿Cómo pudo ocurrir? ¿Quién pondría tantas veces la misma película? ¿Su energía lo podría provocar? No lo sé. Era una señal y yo estaba esperándola. Entonces, preparé un té y me senté a observarla junto a Franco, mi compañerito que jugaba en su corralito. Franco solo tenía 6 meses era un bebé super tranquilo y amoroso. 

Los hijos del ayer, era la respuesta a mis preguntas: a ella y a Dios, a Buda o al Universo. Al Dios con el que me había enfadado y culpado. Entonces, me dio esperanzas, tal vez pase o no. Mientras tanto, sé que su amor está en todos lados: puedo verla en una joven que se esfuerza cuidando a sus hijos, en la sonrisa de mi hijo, en la caricia que se dan dos ancianos, en el sol entrando por la ventana, en los gritos de mis estudiantes cuando están felices... Está en todas partes.



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